“En la Argentina, los partidos políticos desaparecieron y en
su lugar hay facciones políticas, es decir, grupos de personas que siguen a una figura carismática y que se dispersan cuando esa figura desaparece. Esto atenta contra los principios de la Constitución nacional, que establece que los partidos políticos son fundamentales para la existencia del sistema democrático”, afirma el constitucionalista Gregorio Badeni.
Leo en La Nación una entrevista a Gregorio Badeni, y no puedo dejar de pensar que el problema al que hace referencia el constitucionalista no es jurídico: es sociológico.
Badeni parece sufrir de un mal muy común de los abogados argentinos: el tratar de martillar la realidad para que encaje con la ley, y no al revés. Por supuesto que en ciertos casos ES lo que hay que hacer (por ejemplo, el hecho de que la gente mate o robe no significa que debamos cambiar el código penal), pero en cuestiones políticas me parece ridículo. Y, lo que es mas, no tiene coherencia histórica.
Badeni no puede ignorar que en la constitución de 1853/60 los partidos políticos no estaban previstos como institución necesaria. Todo lo contrario: los partidos se organizaban a nivel local en clubes y luego sus representantes parlamentarios formaban bloques en el congreso. Responde al modelo de partido de notables. El primero en armar un partido realmente orgánico que sería el modelo de los demás partidos del siglo XX fue Yrigoyen, con la estructura territorial de comités de la UCR. El radicalismo sería el primer partido de masas en argentina.
De hecho, nuestra constitución al día de hoy tiene un anacronismo importante que no se modificó desde 1853: la prohibición a los sacerdotes pertenecientes a órdenes de ocupar cargos políticos. El razonamiento original es que votarían mandados por sus órdenes, y no por el pueblo (y si nos ponemos a pensar, no hay diferencia real entre obediencia partidaria y obediencia religiosa).
El artículo que cita Badeni (el 38, “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático…”) se incorporó al texto de la constitución con la reforma de 1994 (a la que Badeni se encarga de destrozar en la misma nota). Refleja, tarde, los cambios en la cultura política del siglo XX, pero no llega a entender los cambios de la sociedad en los primeros años del XXI. Hoy los partidos políticos no son pensables en los términos de la modernidad, porque la propia noción de identidad (política y extrapolítica) está deshecha.
Pensemos en la manera que tenemos hoy de categorizar la información. Uno de los grandes avances de la Web 2.0 es el ordenamiento mediante tags, etiquetas. Reemplazaron a la categoría o “carpeta” para guardar información. Las categorías tienden a ser mutuamente excluyentes, las etiquetas no. Si yo marco el contenido de este post como “Derecho Constitucional” no por eso dejo de poder agregarle otra etiqueta. Creo que las identidades políticas hoy se construyen de manera similar. Es difícil encontrarnos con alguien que se ponga la camiseta de un partido político, y diga “yo coincido con este partido en todo”. Es mas común construir una identidad política a partir de etiquetas (en mi caso, podríamos usar algunas como “progresista”, “liberal”, “republicano”, etc.). Hoy, con este modelo de identidad, se hace imposible pensar en partidos políticos con el modelo heredado de la sociedad industrial. Se hace necesaria una nueva de hacer política, que podría estar en muchos casos mas cercana a los partidos de notables del siglo XIX que a los de masas del siglo XX.
(Si, ya se que teoricamente el modelo de partido actual se llama “electoral profesional”, pero no me satisface como visión a futuro. Está pensado para las décadas del 80 y 90, para un modelo de medios de comunicación concentrados, y no se adapta a los nuevos usos de Internet)

Flojita la nota, pero capaz sea yo -o el medio- y no Badeni: cada vez estoy más lejos de encontrar interesante una entrevista. Igual veo que encontraste algo para hacer desde esa base un comentario muy atinado e interesante.
Otrosí: ¿No es contradictorio renegar del “personalismo” y añorar los “partidos”, pero quejarse también de la consecuente “disciplina partidaria” que genera esa mecánica de agregación en un parlamento? Porque muchos hacen eso.
Estoy convencido de que la disciplina partidaria es un producto de la sociedad industrial de masas: es inevitable que una sociedad así genere ese tipo de partidos y modalidades políticas (entre otras instituciones), al igual que es inevitable que una sociedad como la actual tenga que terminar con eso. Tampoco me parece mal, la disciplina partidaria tiende a ser algo negativo.
A lo mejor, la única real virtud del sistema partidario estadounidense sea la inexistencia de ese tipo de relación entre los legisladores. Si los demócratas y los republicanos votaran en bloque “a la europea”, el análisis político en EEUU sería muuuuuuuuuy aburrido.
(Aclaración: cuando digo “inevitable”, lo digo pensando la cuestión desde las ciencias sociales, en donde 2+2 puede ser cualquier número entre 2 y 9,6. La sociología no es ni será exacta)