Ayer en TN me encuentro con una típica-nota-boba-feria-del-libro que resultó ser menos boba de lo que esperaba. La cosa es así: la Librería de Mujeres Editoras presentaba una colección de títulos infantiles sobre madres con ocupaciones heterodoxas, estilo “Mi mamá es taxista” o “Mi mamá es referí”. Al principio no me impresionó demasiado: a nivel mundial, la colección parece menos provocadora que clásicos como Heather has Two Mommies, que ya tiene dos décadas. A lo mejor estoy influenciado por vivir en una ciudad tolerante y cosmopolita, y en una facultad en la que los varones somos minoría, pero hasta me pareció un tema superado. Por lo menos hasta ver hoy la historia de la colectivera salteña discriminada por las empresas de transporte de la ciudad. Conclusión: no quedé muy convencido de que fuera una iniciativa necesaria.
Ahora, más allá de mis dudas, me parece una pésima estrategia política. No porque crea que no hay que politizar la literatura infantil (razón nº 1: me encanta la política, razón nº2: siempre existe un subtexto ideológico latente, hacerlo explícito puede ser muy sano), sino porque me parece una estrategia hasta contraproducente.
En mis años de estudiante de comunicación,recuerdo haber hablado en una clase sobre los presidentes negros de EEUU en películas de ciencia ficción (como Impacto Profundo). Un poco la idea era que en un universo de ficción en que la tierra atraviesa un apocalipsis por impacto de cuerpos celestes/invasión extraterrestre/guerra nuclear/etc. un presidente negro no desentona. Es todo parte de una gran fantasía.
En la literatura infantil podría pasar un fenómeno parecido. Tenemos el riesgo de que un chico equipare el hecho de que la madre de un protagonista es maestro (¿maestra?) mayor de obras con su otro libro preferido, aquel del pibe huérfano que a los 11 años se entera que es mago y millonario y que va a vivir pupilo en un castillo. Ojo, no quiero decir que los chicos sean tontos, pero si la premisa principal (por lo menos, en el título) del libro es el hecho de que la madre del protagonista pertenece a una ocupación u oficio que desafía los roles de género, se está ubicando esa práctica en el plano de lo excepcional. Si la narración es la práctica de estructurar una historia como un quiebre de un orden preexistente, estamos diciendo que una madre maquinista es una rareza, no algo común.
Por otra parte, me imagino que a nivel literario los cuentos tratarán acerca de algo más que los empleos de las madres de los protagonistas (porque la alternativa me suena muy aburrida)2. Si es así, ¿por qué no “venderlo” como algo distinto? O sea, dejar que la ocupación de la madre sea un tema menor que se da como obvio, no como la “rareza”. Me parece más efectivo así: en el medio de un relato sobre cualquier otra cosa (ninjas vampiros con implantes cibernéticos viajando por el tiempo, de ser necesario), mezclar roles de género heterodoxos. Hollywood está haciendo algo así con sus personajes homosexuales, que cada vez tienen más profundidad frente al estereotípico gay unidimensional. A la luz de los hechos, parece ser una buena alternativa.
Muy buen post.
Me imagino que tiene que ver con la condescendencia con la que algunos autores de literatura infantil ven a sus lectores. A lo mejor creen que los chicos no van a recordar o prestarle atención a la dimensión de género si no la subrayan con un fibrón grueso en el título.