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“Chau Relato”

El año pasado, antes de las elecciones, discutía con mi primo radical Sanzista. Y mi argumento indestructible no era que Sanz fuera un ilustre desconocido para el gran público nacional, ni que una vez dijo que los que cobran la AUH se la patinan en timba y frula, ni nada eso: era que no tenía ningún relato posible. Era (y es) un tipo que no tiene nada para contar fuera de que no es otra cosa (hacia afuera no K, hacia adentro no Alfonsín Jr).
Porque la política (entendida en su faz de lucha por el poder, no la administración del mismo una vez obtenido) es eso. Porque los seres humanos somos eso: unimos hechos a través relaciones causales. Entendemos la historia del mundo como una de tantas historias, reales o ficticias. Entendemos a la revolución de mayo o el peronismo con los mismos mecanismos cognitivos con los que entendemos Terminator. A los seres humanos nos encanta que nos cuenten cuentos porque así funcionamos. No hay otra.
Por eso es que, en estos meses de cacerola batiente y comentarios de lectores indignadísimos en los sitios web de los diarios, sorprende la consigna “Chau relato”. Bah, no sorprende: el único relato político realmente existente a nivel nacional es el del kirchnerismo, mientras que los opositores se toman turnos para tirarle piedras sin ofrecer nada alternativo. Es más, diría que el kirchnerismo tiene tres relatos: el peronista (de Perón y Evita, de la Justicia Social, de las conquistas de los trabajadores), el “setentista” (el de la resistencia tanto a la dictadura como a los sectores conservadores del movimiento peronista) y el verdaderamente propio (el de Néstor, el presidente que apareció súbitamente para desmantelar el neoliberalismo y hacer justicia para las víctimas de la dictadura y el modelo que impuso, y que no abandonó la lucha contra las corporaciones aunque le costara la vida, y cuyo ejemplo rescatan decenas de miles de jóvenes que se incorporan a la militancia por primera vez después de muchos años). Si algo no le falta al kirchnerismo es épica militante.
Pero desde una perspectiva opositora, lo que correspondería no es pedir el “fin” de un relato, que sería algo así como apagar el proyector a mitad de la película. Es construir uno propio. Y no hay demasiado material ahí.
El FAP tiene el problema de que en buena medida no se opone a las políticas del kirchnerismo, sino a personas. No hay mucho margen ahí para no caer en un neodelarruismo (o, en su vertiente de izquierda, el “pepemujiquismo”), en la crítica superficial, en pensar que todos los problemas del país se solucionan vendiendo en Tango 01. El radicalismo (partido de la nada si lo hay, cuyo mayor capital simbólico es no ser peronistas) podría haberse erigido como “el partido de la democracia”: tomaron las armas contra el fraude, consiguieron la Ley Sáenz Peña, fueron protagonistas de la recuperación democrática y llevaron adelante el Juicio a las Juntas. Todo muy lindo hasta que quemaron a quien mejor podía encarnar esa idea con un 10% nacional. Sería difícil imaginar a “El Milico” Aguad o sus amigos encarnando esa historia. El peronismo opositor es, un poco como la UCR, cáscara vacía de contenido. Se definen por lo que no son (kirchneristas), y tienen el problema adicional de ser apenas una etiqueta sin ningún tipo de organización. De hecho, en octubre pasado participaron en 3 listas distintas (sin contar algunos que tardíamente se reincorporaron al PJ kirchnerista).
Queda el relato posible del macrismo. Posiblemente podría estar basado en la gestión “apolítica”, como si tal cosa fuera posible (lo que importa a este efecto es apenas que sea verosímil, de la misma manera que aceptamos que Superman puede volar). Podría intentar construir un clivaje entre los “gestores” post-ideológicos y la política tradicional. Tiene alguna chance ahí, pero le costaría articular las mayorías necesarias para ser competitivo en la escena nacional.
El 8N no se terminó ningún relato. En todo caso, representa la posibilidad de de que aparezca uno nuevo (o varios, habida cuenta de lo heterogéneas e incompatibles de las demandas de una marcha que convocó tanto a Biondini como al MST). Pero eso se logra articulando liderazgos, no reivinidicando un supuesto espontaneísmo. Habrá que ver si logran construir un liderazgo (o si algún líder logra capitalizar aunque sea parte del caudal cacerolo).
Pero no le peguen más a “el” Relato, que la política sin relato es como el fútbol sin pelota.

Un Comentario

  1. Trix dice:

    Comentario OT:
    Felicidades por la vuelta de La Res

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