La mayor victoria de ayer (después de la paliza de CFK, por supuesto, no todos los días se ve al kirchnerismo ganar en el circuito 1001 de Vicente López) fue la de las ideas y los proyectos frente a la especulación y el oposicionismo berreta. Veamos:
Grandes ganadores
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Cristina Fernández de Kirchner: Paliza impensada (personalmente esperaba un 42-45% y 20 a 25 puntos de ventaja sobre el segundo). Como la de todo candidato oficialista, la de CFK fue una victroria de un proyecto. Sí, incluso la de Macri, por más bobo que nos parezca lo que ofrece.
- Hermes Binner: Se coló entre “los grandes” sin un partido grande, sin sustento territorial fuera de Santa Fe, sin ser demasiado conocido y sin carisma (?). Fue todo a fuerza de ideas, sin renegar de las veces que apoyó medidas del kirchnerismo como la Asignación Universal por Hijo, el Matrimonio Igualitario o la recuperación para el estado del sistema jubilatorio. O sea, no especuló con derechizar su discurso para captar más votos gorilas. Aprendió de la experiencia de Carrió. González Fraga, el vice de Alfonsín que anunció que Binner no llegaría al 1,5%, debe estar revolcándose en su tumba. Después de la elección, Binner se apuró para decir que no hace alianzas con nadie, ratificando el rumbo del FAP.
- José Saúl Wermus, aka Jorge Altamira: Logró el “milagro” con creces, llegando a morderle los talones a Lilita Carrió. Todos los que nos consideramos a la izquierda del centro deberíamos festejar esto: un 2.5% para el trotskismo sirve para que los dirigentes de centroizquierda no se tienten demasiado con alianzas hacia la derecha. Saben que una parte importante de sus votantes tiene una alternativa para el voto castigo.
Grandes Perdedores
- Ricardo Alfonsín: Lo bueno es que por primera vez desde De La Rúa un candidato radical sale segundo en una presidencial. Lo malo es que le fue peor que a Massacessi en el 95. Despreció una alianza con el socialismo para incorporar sectores de derecha (Francisco de Narváez, Javier González Fraga). Pésima jugada para ambas partes.
- Eduardo Duhalde: Muy lejos de sus mejores momentos. Está claro que más allá de capitalizar cierto voto gorila, sigue espantando gente (y con buenos motivos: pesificación asimétrica estafando a todos los ahorristas argentinos, los asesinatos de Kosteki y Santillán, sus alianzas con lo peor del sindicalismo argentino como Barrionuevo y el Momo Venegas)
- Lilita Carrió: Ay. Lilita, como Ícaro, en su mejor momento se acercó demasiado al sol y se quemó. En 2001-2003 tenía un armado realmente popular y progresista, incluyendo al socialismo, el PI, la CTA, cerrando cada acto con “Hasta Siempre Comandante”, y defendiendo antes que nadie la idea de un ingreso universal por hijo. Eso fue mutando hacia el “honestismo”, y de ahí a incorporar actores de la derecha más rancia. Hizo su mejor elección en 2007, con 23%, cuando la derecha no tuvo un candidato potable propio. Después, perdida entre declaraciones apocalípticas y delirantes (”Los Kirchner van a terminar como Ceaucescu” o “Lo de Fukushima es un castigo divino por exceso de tecnología”), perdió tanto los votos progresistas de sus inicios como referente nacional como los de derecha que la abandonaron ante opciones más cercanas a lo que son. Es triste que termine así, pero se veía venir desde hace años.
- Alcira Argumedo: Pino Solanas podría ser la próxima Lilita Carrió. De una gran elección en 2007 y una aún mejor en 2009 pasó sin escalas al vedettismo. Puso en un mismo plano al gobierno y a la oposición de derecha, criticó a ambos por igual, trató de refugiarse en la Capital y terminó poniendo condiciones ridículas al socialismo para integrar el Frente Amplio Progresista, que fueron rechazadas. Puso en la boleta a Alcira Argumedo, sólo conocida en Proyecto Sur y los claustros de facultades de ciencias sociales. Los resultados fueron los esperables.
- El Club Atlético River Plate, QEPD
Quedan fuera del análisis Alberto Rodríguez Saa (saca más o menos lo esperable, lo mismo de 2007) y los candidatos impresentables. Se extraña a Mussa en ese rubro.
Volviendo a la realidad, para mí son clarísimos los hilos conductores de los dos grupos. Los ganadores se jugaron por ideas y proyectos propios. Ya lo marcaba Mendieta hace días, en Twitter sus votantes eran los únicos que defendían su elección positivamente, mientras que los votantes de Duhalde, Alfonsín o Carrió sólo marcaban los errores ajenos sin construir un relato propio superador del kirchnerismo. Eso implica riesgos: cuando defendés ideas, te expones a espantar a quienes no las comparten. Los demás candidatos especularon de distintas maneras, siempre tratando de limar a otros candidatos más que defender un proyecto coherente propio, mientras procuraban no espantar a nadie buscando polarizar con el gobierno. Sólo lograron convencer a grupúsculos de antikirchnerismo duro, pero no entusiasmaron a nadie.
Me sorprendí anoche mientras escrutaba mesas en el circuito 1001 de Vicente López (La Lucila y parte de Olivos, zonas gorilas por excelencia) al ver que en la mayoría de las mesas ganaba Cristina. Ojo, ganaba con 25% contra 20 o 22%, pero quedaba clarísimo que era el proyecto nacional del kirchnerismo contra expresiones inconexas de oposición. Aún en un lugar donde históricamente fue paria, el Frente para la Victoria era la primera minoría.
A la luz de los hechos, la especulación cínica no es sólo moralmente reprochable. Es una pésima estrategia política. Se gana con sinceridad política y la honestidad intelectual. ¿Será el fin de la política posmoderna?

