Hoy, discutiendo el proyecto de ley de radiodifusión del gobierno en un debate de la FES, se me cruzaron varias ideas:
- No podemos hablar de “posneoliberalismo”. Un prefijo por vez, por favor. En el arte, el romanticismo no fue el “posneoclasicismo”. Laburemos un poco para sacar nombres más pensables.
- El debate en sí, interesante. Igualmente, sospecho que en un par de décadas la discusión será obsoleta: ¿para qué transmitir señales de radio y televisión, cuando vamos a tener acceso ubícuo a Internet inalámbrica (via un protocolo con nombre marketinero que seguro todavía no se inventó) para acceder a los mismos contenidos (y a otros) pero de manera desconcentrada?
- No obstante el punto 2, hay que gobernar para el día de hoy y no para dentro de un par de décadas. Pero no estaría mal empezar a considerar la producción de distintos tipos de contenidos como materia opcional en el secundario. Hacer podcasts, escribir blogs, hacer tele casera no es difícil.
- El proyecto oficial es perfectible, y es de esperar que a cambio de votos claves el oficialismo acepte cambios en algunos puntos. Pero en el peor de los casos, la alternativa (seguir con la ley actual) es aún más fea. No podemos ser vedettistas tratando de imponer un proyecto propio, por copado que sea.
- ¿Puede ser que “el progresismo joven” seamos 20 estudiantes/jóvenes profesionales, todos de carreras de humanidades, tomando café con leche y medialunas en un hotel céntrico? ¿No sería lógico que haya militantes obreros, pequeños emprendedores, ingenieros, arquitectos, gente de las ciencias duras, artistas, médicos, docentes? ¿Sólo se gobierna con politólogos, sociólogos, comunicólogos y abogados?
- Que buenas las medialunas de grasa.
1. El doctor Grondona hace unos 10 años años titulaba un libro “el posliberalismo”. Hoy habla del poskirchnerismo. Seria el poskirchnerismoliberalismo. Como esta jugada es un golpe al grupo clarin, se podría empezar a hablar del posclarinismo. Pero falta mucho para poder destruir a este grupo que mordió la mano de quien le dio de comer.
5. El lugar es perfectible. Pasa que no se me ocurre nada mejor que el Bauen.
Marcos:
1. Yo en cualquier momento adhiero al neotransalfapopulismo – X.
5. El hotel no era el BAUEN (donde muchas veces me siento a revisar ampliaciones fotográficas que hago en un laboratorio de la zona) sino uno no-cooperativo de la calle Maipú, cerca de Retiro. Ojo, tampoco estábamos nadando en el lujo, y no creo que haya que revolcarse en el barro para ser de izquierda, pero a mi me alcanzaba con menos.
No-coperativo cerca de retiro suena a Sheraton. Telo oligarca si los habrá.
Tampoco tanto. Medio pelo, no muy conocido. Pero lindo igual.
Punto 5. Pasa que los jóvenes profesionales de las ciencias duras andabamos todos por Bahía Blanca. No, fuera de joda, me parece que hay un montón de gente comprometida con sus ideales. Tal vez eso no equivale a adentrartse en la política, no para muchos. Pero en general creo que el problema pasa por lograr reunir a la gente de las distintas áreas. Estar estamos, pero desparramados!
Bernabé: Yo no digo que no estén, ni que no quieran estar. Lo que sí creo es que hay cierta endogamia intelectual en las humanidades. Casi diría que hay un ánimo de excluir. Es un problema serio, porque más allá del derecho a participar de otras disciplinas, las ciencias duras podrían aportar un enfoque epistemológico totalmente distinto. (Léase: creo que podrían pinchar muchos globos, lo que es doloroso pero muy necesario).
Alejandro los jóvenes emprendedores que estudiamos carreras ingenieriles somos la vanguardia de la derecha libremercadista, no del progresismo.
Uno asume que en ciertas áreas debería haber mayor propensión a ciertas ideas, pero que TODOS los estudiantes y profesionales de las ciencias duras pertenecen a la derecha es un poco mucho.