Una de las (para mí) sorpresas de la elección provincial es cómo le resulta imposible a Sabbatella superar el 4 o 5% en las encuestas. Es posible que, a la hora de los votos, dé una sorpresa, pero igualmente parece que Nuevo Encuentro se encamina a una performance electoral muy pobre para lo que podría haber sido. Sobre todo cuando miramos a través de la General Paz, y vemos el campañón de Pino Solanas en Capital, que se encamina a desbancar del segundo lugar a Prat Gay. Tal vez el problema es que, electoralmente, Pino resuelve un problema: a quién vota el sector histórico de progresistas no peronistas porteños, huérfanos del ladriprogresismo desde la victoria de Macri en 2007. Sin apelar al gorilismo, Pino pudo marcar los puntos oscuros del kirchnerismo a su favor, con excelentes resultados.
En la Provincia, en cambio, Sabbatella no encuentra un nicho similar. Claro que el tipo no ayuda con frases como esta: “Los mejores presidentes de la democracia fueron Kirchner y Alfonsín”. Ojo, es posible que tenga razón: recuerdo al propio Lozano haber dicho algo muy parecido hace un tiempo en un programa de cable. El tema es que, en este momento, una definición así nos juega totalmente en contra.
Pensemos: a diferencia de Capital, donde el kirchnerismo históricamente no jugó a nada, la provincia ocupa el lugar simbólico de bastión inexpugnable del oficialismo. Y en esta elección el bastión parece amenazado. Cualquier tipo con algún grado de simpatía por el gobierno va a votar a Néstor. Frente a esa situación, no le sirve absolutamente de nada al progresismo no kirchnerista jugarla de “lo mismo pero más prolijo”. Los votos que hay que salir a buscar son los que tiene Stolbizer, que es encima mucho más cercana al paladar progre que Prat Gay. Y con frases así, a cualquier antikirchnerista convencido lo espantamos.
Pero el problema no es sólo esa frase. El tema es que hay ya varios casos parecidos. En la facultad todos los días veo los afiches de Libres del Sur con Macri, De Narváez, Solá, Carrió y Scioli en cuerpos de insectos. Más allá de que es demasiado infantil hasta para mi gusto, el afiche comete el error garrafal de no incluir a Kirchner en la lista de “plagas”. Sí, está Scioli, pero no es lo mismo. Scioli no “da” kirchnerista, para la clase media.
Sumémosle a eso que, para quienes no están metidos en el microclima político, Libres del Sur nunca dejó el universo kirchnerista (o sea, por más que renunciaran a sus cargos, nadie registró su pase a la oposición). La lista termina teniendo un sabor demasiado kirchnerista para los clasemedios progresistas del conurbano y las grandes ciudades del interior. Ninguno de sus referentes más visibles renegó públicamente (o, por lo menos, no con la visibilidad necesaria) de su kirchnerismo.
El problema no es que a algunos no les guste esta propuesta electoral. Es imposible hacer política y caerle bien a todo el mundo. El problema es que esta lista no le cae bien a casi nadie, y no tiene demasiadas herramientas para robarles votos a sus principales competidores. Puede parecer que esta es una crítica a destiempo, pero creo que todavía se está a tiempo de cambiar el curso y pegar un batacazo sobre el final y meter más de un diputado. Si seguimos así, no nos quejemos si nos llaman “el kirchnerismo culposo”.
O el Kirchnerismo sin aparato. Sabbathela no puede apropiarse del discurso de Pino, que tanto le funciona?
Es en buena medida lo que propongo. El discurso de Pino está muy bien pensado, le permite reconocerle virtudes al oficialismo sin por eso perder votos goriloides.
Me parece que no se trata de apropiarse o no de un discurso. Le reconozco a Sabatella que dice lo que piensa, que no anda mirando si le conviene más o menos. Pino, con todos sus aciertos y sus buenas posiciones, en la 125 derrapó y se colocó en un lugar complicado. Seguramente un lugar más conveniente que el de Sabatella, que quedó muy pegado al gobierno aunque nunca estuvo adentro y siempre compitió en las elecciones de Morón contra el FpV.
Julián: no sólo nunca estuvo adentro, sino que ahora tiene como competidor directo a quien llama el mejor presidente de la democracia. Está bien (muy bien!) decir lo que uno piensa, pero intentar quedar bien con los votantes kirchneristas tratando de ser un mejor Kirchner que el original es, electoralmente, una locura.
Digo, sobre todo teniendo en cuenta el desprecio que tiene el kirchnerismo hacia el “progresismo blanco”. Callarse en una situación así no te hace un falso, es mera autopreservación.
Estás afiladísimo, Ale.
Dado que ya quedan menos días, pongo plata por una foto de Sabbatella con Pino más la promesa de laburar juntos a futuro. No entendí cuál era la lógica de la campaña ni a quién se aspiraba a seducir. Aún para disputar votos con el kirchnerismo era necesario entrar en polémica con éste. Y no alcanza, para eso, con apuntar a los “barones” del Conurbano. Por lo menos, confrontar proyectos, señalar errores, advertir qué cosas podemos hacer mejor que ellos. Alguito.
Bué, será la próxima.
Un abrazo.
Julián: ¿en base a que argumentación irrefutable se puede afirmar que Pino derrapó con la 125? Aflojemos con los mitos, esto es política y no religión.
Es así, desde que cabeceé una amoladora estoy tirando buenos análisis. Como decís, fue una campaña hecha de manera muy improvisada. Faltó un relato, sobre todo.