Si fuera politólogo (y por el momento no estoy interesado en serlo), YA estaría estudiando la campaña de Obama. Es muy posible que defina las campañas de las próximas décadas. ¿Por qué? Veamos:
- Hay que empezar por el requisito básico de una campaña posmoderna: el candidato. Obama es un tipo que moviliza e inspira.
- Ahora, líderes carismáticos hubo y habrá siempre. ¿Qué pasa con Obama? En primer lugar, no dijo ni pensó que “10 minutos de televisión valen más que 100 militantes”, ni ignoró olímpicamente lo que sus seguidores pensaban al mejor estilo Carrió. Usó su carisma personal para armar un movimiento con un par de consignas algo ambíguas (”Change” y “Hope”), que pudieran ser completadas de contenido por sus militantes.
- Estos militantes no fueron simples peones del líder. Obama abrió canales de comunicación verticales y horizontales (hacia y desde el líder, y entre las propias bases) siguiendo el ejemplo de la campaña de Howard Dean en 2004. Incluso se permitió el disenso con el candidato en esos mismos canales. De esta manera, no sólo el líder consiguió seguidores, sino que los militantes se apropian de la figura del líder.
- Estos militantes movilizados fueron la clave de la goleada: de los estados que ganó Obama, Carolina del Norte, Virginia, Florida, Indiana y Ohio estuvieron a menos de 5 puntos de diferencia. Si McCain los ganaba a todos, llegaba a 260 votos electorales. Ahí en vez de festejar un triunfo histórico, hubieramos estado de vuelta en una situación tipo año 2000, esperando a que se resuelvan estados claves. Si Obama hubiera medido un par de puntos menos a nivel nacional y McCain ganaba, pongámosle, Pennsylvania, la base militante hubiera sido totalmente determinante de la elección (como lo fue en 2000 y 2004 la aceitada operación de Karl Rove). Aunque esto sería secundario: sin esa base fuerte Obama nunca hubiera ganado las primarias cuando nadie lo conocía, ni hubiera recaudado más guita que los Republicanos para inundar de publicidad los estados rojos.
- A todo esto, Obama pudo manejar muy bien su tropa: a pesar de permitir el disenso, nunca dejó que le coparan la campaña, y así los movió de un lado a otro (Indiana es el mejor ejemplo) ni cedió ante sus demandas. Es complicadísimo ese equilibrio entre escuchar a las bases y cumplirles todos los caprichos. Obama mantuvo la capacidad de decisión en todo momento.
En definitiva: la diferencia entre Obama y candidatos estilo Clinton, Gore o Kerry estuvo fundamentalmente dada por el espacio que recibieron los militantes y la capacidad de Obama para capitalizarlos. Demuestra que aún es necesaria una estructura atrás del candidato, más allá de la simpatía momentánea que despierte en el electorado (Cobos, a tomar nota). Sobre todo, crea un nuevo mecanismo de interacción candidato-militante, centrado en la construcción de herramientas para que éste último use libremente en su tarea activista.
Alejandro: buen post, che!
El criador de gorilas posteó algo en el mismo sentido…
y si los partidos todavía son algo? (ya sé, no me diga nada, usté también lo intuía, no?)
Muy buen análisis. Un candidato no se hace porque es el político de turno. La forma con la cual capto verdaderamente a la juventud, es algo que hoy por hoy no logra ningún candidato en Argentina. Hacen falta motivadores. ¿Maradona a la presidencia?
Por cierto, me hiciste acordar algo que quería decir de Carrió y que voy a postear prontito :)
Mariano: si, el Criador dijo más o menos lo mismo, pero él tiene título y yo no (y mi predicción estuvo más cerca que la de él, ya que estamos).
Sobre si los partidos son algo, mi respuesta es… ni. Si (porque quién milita no puede decir otra cosa), pero no pueden ser como los de antes. Hace falta más análisis.
Fede: ¿Vos decís que el ex DT de Mandiyú no podría llegar a la presidencia :P ?