Acá va una nota que me dejó helado. Un chico de dieciséis años de Arizona fue acusado de traficar pornografía infantil porque su computadora se conectó a una cuenta de Yahoo para bajar fotos. Ahora bien, la máquina estaba llena de backdoors, programas que le permiten a un cracker usar tu computadora remotamente. Me parece interesante tanto desde el punto de vista tecnológico como jurídico, tocando temas como el juicio por jurados, la negociación de penas, la reducción de la edad de imputabilidad, la sumatoria de penas (le querían dar 90 años al chico, 10 por cada foto), la estigmatización de los delincuentes sexuales (término que abarca más que sólo violadores), y finalmente la falta de seguridad informática.
Hace poco pasó algo parecido con Julie Amero, una maestra suplente de Connecticut. Estaba dando clase, y saltaron unos popups pornográficos en su computadora. Ahora fue condenada por un jurado por “poner en riesgo la moral” de cuatro menores. La ignorancia del jurado (y sobre todo del fiscal, que tiene una mayor responsabilidad) respecto del funcionamiento del spyware impresiona: una computadora puede contactarse con muchos servidores, pero eso no implica que la persona quiera hacerlo.