El Wall Street Journal, nave insignia de la derecha periodística estadounidense, dice que desregular el mercado de la electricidad en Texas generó un alza de precios enorme. Hasta que se desreguló el mercado en 1999 (via una ley del amigo George W.),+ Texas era uno de los estados donde la electricidad era más barata, y hoy es el más caro en ese rubro (o sea: comparativamente la energía aumentó más en Texas que, digamos, en Arkansas).
¿Que pasó? La idea era que con más pymes dedicadas a vender energía (pero no necesariamente a generarla) habría más opciones para los consumidores. La cosa es que todas las pymes se fueron al tacho y quedaron sólo las grandes compañias energéticas… desreguladas, que pueden cobrar lo que se les ocurre. Sí, cualquiera puede entrar, pero el mercado de la energía eléctrica es un monopolio natural: el mercado eventualmente y por su propio funcionamiento llevará a que exista un sólo distribuidor de energía. Si ese distribuidor monopólico no tiene regulaciones (porque el marco regulatorio asume que hay “libre competencia”, lo que en los hechos no existe), estamos en el horno. Y no sólo los consumidores domiciliarios, sino las empresas que necesitan energía para trabajar que eventualmente emigrarán a otras regiones.
Por eso es que cualquier servicio público vital tiene que estar garantizado por la intervención estatal. Garantizar el acceso a la energía es vital no sólo por una cuestión demagógica, sino porque es un factor desequilibrante de desarrollo económico.

