(Cross-Posteado en Artepolítica.com)
Todas las semanas recibo un boletín del trabajo legislativo de los diputados del Bloque SI. La verdad, bastante aburrido, es sólo un listado de proyectos presentados, así que no le presto demasiada atención. Hoy, revisando el de esta semana, encontré algo interesante: un proyecto de Carlos Raimundi (y cofirmado por Naím, Belous y Benas) sobre soberanía biotecnológica. Me parece interesantísimo porque a la luz del conflicto del campo vale la pena poner la lupa sobre un actor bastante silencioso pero más peligroso que todos los pooles de siembra del mundo.
¿Cuál es el mayor problema de las semillas transgénicas? ¿Vamos a convertirnos en mutantes asesinos por ponerle aceite de soja transgénica a la ensalada? No, ni a palos. El tema es que las semillas transgénicas (de mayor rendimiento, resistentes a enfermedades, herbicidas, etc.) son estériles: un sojero que planta transgénicos no puede quedarse con parte de su cosecha para plantar, porque el poroto que se consume no germina. Está atado a su proveedor de granos transgénicos: multinacionales como Monsanto o Cargill, por citar a algunas de las más grandes.
Tenemos un problema: en la medida que el crecimiento económico del país está atado a los desarrollos de estas empresas, estamos en una situación de dependencia total. Ahí está la importancia del proyecto: al destinar fondos del INTA específicamente a desarrollar biotecnología local, podemos evitar la situación de dependencia respecto de desarrollos tecnológicos extranjeros. Ya no tenemos que jugar bajo las reglas de las multinacionales que, repito, son el verdadero cuco oculto en el medio del conflicto agropecuario (porque interesantemente, en general son las mismas multinacionales que se dedican al acopio y transporte de granos: TODAS las actividades más redituables y de mayor valor agregado quedan en manos del capital extranjero).
Sería una manera interesante de correr el foco de la discusión de si los chacareros tienen 4×4 o si una alícuota del 33.1% es automáticamente confiscatoria. ¿No?
Foto del usuario de Flickr ateoto usada bajo una licencia Creative Commons



July 11th, 2008 at 12:10 am
[…] (Cross-Posteado en LaResPública) […]
July 11th, 2008 at 5:09 pm
Alejandro: si el documento dice eso, dice una pavada. O, mejor dicho, dice una verdad y una pavada. El maíz transgénico es efectivamente híbrido. Hay que comprárselo a Monsanto todos los años. La soja transgénica, no. Si los autores del trabajo, además de algunas publicaciones ecológicas mal inspiradas (que las hay bien), hubieran echado una mirada distraída a los diarios del último año, pongamos por caso, sabrían que Monsanto exigió que la soja argentina que ingresa a Europa deba pagar el costo de semilla, porque aquí se practica la bolsa blanca, es decir, el chacarero separa una parte de la cosecha para la próxima siembra. De paso, Monsanto perdió. Los europeos no tienen el menor interés de privarse de soja de estos lares para cuidarle la espalda a una multinacional que ni siquiera es de ellos. El argumento leguleyo fue que, como hay venta de semilla nueva, no se puede definir si una partida de soja proviene de bolsa blanca o de semilla debidamente abonada a Monsanto.
Si usted quiere compartir con los diputados de SI esta modesta corrección, puede hacerlo pero que ellos no me citen. No me apetecen como compañía. En caso de que la comparta, sí le pediría que les diga de mi parte que extraño un pronunciamiento de ellos sobre las agresiones a sus colegas diputados por parte de matones.
July 11th, 2008 at 7:01 pm
Gracias por las correcciones, Andrés. Los errores fueron míos.